Como señala la revista Forbes, un centenar de colombianas lideran hoy sectores tradicionalmente masculinos, demostrando que el liderazgo no tiene género.

Hoy celebramos a la mujer gestora de vida,  a las madres colombianas. A la que es madre y raíz; a la que ha traído vida y ha edificado familias, comunidades y empresas. Pero este año, el verdadero homenaje no es una flor: es reconocer nuestra capacidad e incidencia en un terreno que hasta ahora no habíamos ocupado.

Como señala la revista Forbes, un centenar de colombianas lideran hoy sectores tradicionalmente masculinos, demostrando que el liderazgo no tiene género. Pero esta transformación debe ir más allá de ocupar espacios; se trata de un cambio de paradigma total: pasar del «queremos lo que ellos tienen» al «queremos que se valore lo que nosotras somos».

El amor y la ternura con que una madre cuida a sus hijos no es solo un gesto de afecto; es el cimiento de la sociedad. Esa misma entrega que levanta paredes, que sostiene una familia en las crisis y que educa con la mirada, es la forma más pura de creación. Durante siglos, nos dijeron que ese mundo de cuidados era «privado» y que afuera, en la política, solo valía el ego, la competencia, la fuerza y la dominación. Nos hicieron creer que nuestra ternura era una debilidad para el mundo público, cuando en realidad es la energía que sostiene la vida misma.

En Colombia nos encontramos en una encrucijada. Nos han puesto a escoger entre una izquierda que humilla, maltrata e instrumentaliza a las mujeres  y una derecha que nos oprime, tratándonos como adornos o trofeos en un tablero de ajedrez masculino.

En la «Ética del Cuidado» la ternura, la escucha y la interdependencia son fuerzas sociales indispensables. Esta es la forma más revolucionaria de política: una que no deja un campo de batalla lleno de heridos, sino un hogar construido entre dos seres que se reconocen distintos y, por eso mismo, se necesitan. Es decirle al hombre: «Te respeto en tu masculinidad, pero exijo que respetes mi feminidad con el mismo nivel de dignidad».

El amor y la ternura con la que construimos familia es la misma que hoy necesitamos para construir país, sanar las heridas y creer con fe en un mejor futuro. Reivindicar la ternura como política no es un ideal romántico; es el acto más revolucionario que existe. Es entender que la compasión, la escucha y el cuidado son fuerzas sociales indispensables para redefinir el poder en Colombia.

Por eso, el mejor regalo que podemos tener las madres en Colombia es la libertad para decidir a conciencia. Nosotras sabemos que el amor es la fuerza más poderosa que existe para transformar,  para invitar al otro a ser su mejor versión. Esa coherencia la encuentro en Sergio Fajardo, donde  decencia, capacidad,  experiencia  y  ética, permiten que este nuevo paradigma florezca. Con el mismo valor con que parimos, vamos a movernos masivamente hacia las urnas. Transformar la política de los favores y las conveniencias privadas, que tranzan con la corrupción,  a la política del respeto por lo público, de la generación y distribución de oportunidades para todos; la  de los odios entre bandos que nos han obligado a escoger  trincheras, a la de un país que se une para sacar lo mejor que tenemos en nuestro país, generar prosperidad y riqueza.

El 31 de mayo no votaremos por favores, ni por conveniencias, ni contra Uribe, ni contra Petro, votamos por nuestra esencia. Votamos por la ternura, porque cuando el amor se vuelve política, es Colombia la que finalmente gana.

¡Feliz Día de la Madre a todas las mujeres que con su amor y ternura ya están gobernando el futuro!

Por,

MIREYA RAMIREZ PULIDO

Madre de Mariana, Mardian y Geryan.

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