La inmensa mayoría de colombianos, con muy honrosas y ejemplarizantes excepciones, poseemos un arma de destrucción masiva: LA DESCONCEPTUALIZACIÓN EXPRES.

Que fastidio. Los escritores públicos, son canales del medio ambiente, sus plumas tienen kilometraje y degustan aquello, que sabe más el diablo por viejo que por diablo.

Sopesan lo que creen que vale la pena, y al cesto de la basura, lo que saben que es basura. Sobre vuelan, el pasado con rigor, se deleitan con el presente y se arriesgan con respeto, sobre el futuro. Son muy responsables. Pero sobre sus cabezas están pendientes de un hilo, cómo en las fiestas de pueblo, espontáneos y con estilos fundillones, un enjambre de digitales negacionistas para desconceptualizar, todo.

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Fungen de magistrados, de todo. Los editores de medios, en veces, pierden su capacidad curaduría y dejan al garate sus responsabilidades. Esto ocurre con mucha frecuencia en el periodismo radial. Los colombianos no tenemos ni idea de lo que ocurre en el país, porque ya lo que puede ser noticia, se deshiela, por la avalancha de adjetivos de los reporteros y redactores de noticias.

Cada información la editorializan; la insolencia cunde y, todo el tiempo perdido. Una opinión sobre cualquier tema la trivializan, por el prurito de desconceptualizar. Pero eso es lo que ofrecen en las tiendas de la mal llamada información. Ojalá el oficio del periodismo recobre su esencia, así la AI nos sirva de golosina inagotable.

Por Byron Valencia 

 

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