Vine a cambiar la manera de gobernar y a defender, hasta el último peso, lo que es de la gente, sentencia el Presidente de la República.
Cuando se roban un hospital, hay un colombiano esperando atención. Cuando se roban la alimentación escolar, hay un niño sin comida. Cuando inflan una carretera, un colegio o un acueducto, hay un pueblo pagando el precio. Robarse un peso del Estado es robárselo a los colombianos. Y en mi Gobierno eso tiene consecuencias, reitera el Presidente.
Añade que esta se lo repetió a alcaldes y gobernadores: no voy a permitir que se roben un solo peso. Curiosamente, cuando hablo de obras e inversiones, abundan los aplausos. Cuando digo que no se pueden robar la plata, algunas manos se quedan quietas. Les dije, con la ironía que merecen: «Aplaudan. ¿Por qué no aplauden?». Ese silencio es el termómetro.
Puntualizó, «Un alcalde honesto debería ser el primero en ponerse de pie cuando el presidente anuncia que la plata pública se vigila hasta el último peso. Por cada peso que mande, yo mismo voy a verificar las obras. El que toque la plata pública en la era del Tigre termina preso».
Y, sentenció que, «Llegué a la Presidencia con una convicción que no negocio: la plata de los colombianos es sagrada. No vine a administrar las costumbres de siempre ni a mirar para otro lado mientras convierten el Estado en negocio. Vine a cambiar la manera de gobernar y a defender, hasta el último peso, lo que es de la gente».
En Sucre se lo dije al alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña, mirándolo a los ojos. Mi deber es proteger los recursos de la Nación. No puedo ignorar sus antecedentes ni las investigaciones y actuaciones públicas que rodean su trayectoria. Le formulé la pregunta elemental: «¿Cómo pretende que, como presidente, le entregue recursos públicos sin controles y haga como si nada ocurriera?».
De eso se trata la Patria Milagro también: cuidar hasta el último peso para que termine convertido en obras, y no en el botín de los corruptos de siempre, dijo en comunicado presidencial.

