Una queja disciplinaria por presuntas faltas éticas y el manejo de 5 mil millones casi dos décadas después, irrumpe en plena carrera presidencial.
La campaña presidencial de Abelardo de la Espriella quedó sacudida tras la queja disciplinaria presentada por David Murcia Guzmán, cerebro de DMG, a través de su abogada Sondra Macollins, ante la Comisión Seccional de Disciplina Judicial de Bogotá. La denuncia señala presuntas violaciones a los deberes de lealtad, diligencia y confidencialidad profesional, y sostiene que el hoy candidato se habría quedado con 5 mil millones entregados como honorarios, recursos que, según la defensa de Murcia, no fueron devueltos pese al abandono del caso.
El recurso disciplinario también cuestiona la actuación jurídica de De la Espriella durante la captura de Murcia Guzmán, al afirmar que no dejó constancia de supuestas irregularidades relacionadas con el lugar y la fecha de la aprehensión. Además, plantea un eventual conflicto de interés por su cercanía con el entonces presidente Álvaro Uribe, quien nombró como notario a su padre. El proceso fue asignado por reparto al magistrado Martín Leonardo Suárez Varón, quien deberá evaluar si hay mérito para abrir investigación formal.
Abelardo de la Espriella rechazó de manera categórica las acusaciones y aseguró que todo hace parte de una estrategia de desprestigio en su contra. El candidato sostuvo que los honorarios fueron pactados mediante contrato, facturados legalmente y con el pago de los respectivos impuestos, e incluso afirmó que, por el contrario, David Murcia le habría quedado debiendo dinero. En su declaración pública comparó la denuncia con lo que llamó una “estrategia Roy-Santista” utilizada , según él, en el pasado contra otros aspirantes presidenciales para afectar sus campañas.
Sectores cercanos al petrismo, como el influenciador Alfonosky Fleresky, señalaron que el episodio vuelve a poner sobre la mesa las relaciones entre poder político y el escándalo DMG. Columnistas como Cristina Nicholls cuestionaron la transparencia del candidato y recordaron otras controversias que han rodeado su trayectoria profesional. Del otro lado voces de la derecha como Liliana Castaño y Natalia García cerraron filas en su defensa, calificando la denuncia como una maniobra electoral y asegurando que los ataques solo fortalecen su aspiración presidencial.

