Tras la decisión unánime de la Junta Directiva de incrementar a 10,25% la tasa de interés.
La Junta Directiva del Banco de la República aprobó un aumento de un punto porcentual en la tasa de interés de referencia, que pasó de 9,25% a 10,25%, con el respaldo de cuatro de sus siete integrantes. La mayoría mantuvo una línea de cautela frente a la inflación y defendió la necesidad de sostener una política monetaria restrictiva, aun cuando el índice de precios se ha mantenido en un dígito durante 2024 y 2025 y muestra estabilidad cercana al 5%.
La decisión fue cuestionada desde el Ejecutivo por considerarse desconectada del momento económico. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, sostuvo que el incremento encarece el costo financiero de la producción y puede terminar presionando los precios, en lugar de contenerlos. El presidente Gustavo Petro también expresó su desacuerdo y afirmó que la inflación ha cedido principalmente por la reducción en los precios de los alimentos, no por la restricción monetaria, y advirtió que el crédito más caro afecta la inversión, el consumo y sectores como la vivienda.
Miembros de partidos como Cambio Radical y Centro Democrático respaldaron el ajuste y señalaron que el banco central actuó ante el riesgo de un desorden fiscal y el impacto del aumento del salario mínimo sobre las expectativas de inflación. Desde esta orilla política se argumenta que la tasa alta es un mensaje de disciplina económica y que, aunque tiene costos para los ciudadanos, evita desequilibrios mayores en el mediano plazo.
Mientras algunos gremios consideran necesario preservar la confianza de los mercados y contener presiones inflacionarias, otros enfatizan en que el encarecimiento del crédito limita la actividad productiva y detiene nuevas inversiones. El resultado es un escenario de crecimiento con tensiones, en el que la estabilidad de precios convive con un debate cada vez más profundo sobre los límites y efectos de mantener el dinero caro en la economía colombiana.

