Queda claro que la ley de leyes del 91 se convirtió en un juego de intereses que hoy es un mercado de negocios.

Por: Fernando Calderón España.

Del agazapado garantismo con el que se vendió se pasó a la negociación oprobiosa.
La elegibilidad de los poderes públicos para manejar burocracias permeadas por la corrupción del juicio, el concepto, la definición, el fallo, la sentencia, la sanción, el castigo deberá desaparecer.

La fuerza del sentimiento constitucional que mueve a la ciudadanía con su lógica natural deberá inventarse la manera de elegir al fiscal, al procurador, al contralor, al defensor, a los magistrados de la Corte Constitucional (y otros mal llamados magistrados) o, en su defecto, en el caso de estos últimos, la desaparición de ese tribunal y su integración a la Suprema. Solo así habrá la separación de poderes, la única que podría sostener una democracia que, como la nuestra, es la de unos pocos.

La democracia colombiana es el gobierno del pueblo solo para votar, en un modelo en donde el voto se vende y se compra debido a la endémica ignorancia política de las mayorías.

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