Informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística revela que Colombia baja la pobreza multidimensional a 9,9%, mientras regiones como Vichada, Caribe, el Pacífico y la Orinoquía-Amazonía mantienen los mayores rezagos.
El más reciente informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística confirmó un hito para el país: la pobreza multidimensional se ubicó en 9,9% en 2025, bajando por primera vez a un solo dígito. La reducción de 1,6 puntos frente a 2024 permitió que cerca de 793 mil personas salieran de esta condición, aunque el organismo advierte que las brechas estructurales siguen marcando el ritmo del avance.
Cundinamarca se consolida como el territorio con menor pobreza multidimensional del país, con una incidencia de 4,1%. La caída frente al año anterior refleja mejoras sostenidas en acceso a salud, educación, vivienda y empleo, tanto en zonas urbanas como rurales, donde también se evidencian avances importantes en condiciones básicas.
Por su parte, Bogotá protagoniza la mayor reducción nacional al pasar de 5,4% a 2,2%. Este resultado significó que 252 mil personas superaran la pobreza multidimensional en un solo año, impulsado principalmente por mejoras en servicios de salud, disminución del rezago escolar y estrategias institucionales enfocadas en cerrar brechas sociales.
Sin embargo, departamentos como Vichada continúan con los niveles más altos de pobreza multidimensional, alcanzando un 55,2%, pese a registrar también una de las reducciones más significativas. A esto se suma que regiones como el Caribe, el Pacífico y la Orinoquía-Amazonía concentran las mayores incidencias del país, evidenciando que la desigualdad territorial sigue siendo uno de los principales desafíos, especialmente en las zonas rurales donde la pobreza es considerablemente más alta que en las áreas urbanas.
Aunque el país avanza, el propio DANE insiste en que los desafíos siguen vigentes. La baja calidad educativa, la informalidad laboral y las limitaciones en el acceso a servicios básicos continúan siendo determinantes, especialmente en poblaciones vulnerables. La reducción es clara, pero el reto ahora es evitar que estas brechas sigan definiendo el futuro social del país.

