El ataque en Cali se suma a la tragedia de Amalfi, Antioquia, donde un dron cargado de explosivos derribó un helicóptero y mató a 13 soldados. Según el Ministerio de Defensa, detrás del crimen está el Frente 36 de las disidencias de alias Calarca.

Colombia vuelve a estremecerse por la violencia. El atentado con un camión bomba en la base aérea Marco Fidel Suárez de Cali dejó cinco muertos y 42 heridos, confirmados por el propio presidente Gustavo Petro, quien encabezó un consejo de seguridad extraordinario y lanzó una ofensiva militar.

La decisión fue contundente: no habrá conmoción interior, pero sí guerra frontal. Petro firmará decretos especiales para copar con Ejército zonas estratégicas del Valle y Antioquia, sin descuidar la presión en el Cañón del Micay, centro del narcotráfico.

El mandatario no titubeó en señalar a los responsables: alias Sebastián, del Estado Mayor Central, y las disidencias subordinadas a la llamada “Junta del Narcotráfico”. En paralelo, el jefe de Estado anunció que el Clan del Golfo y la Segunda Marquetalia serán catalogados como grupos terroristas.

La reacción de las autoridades incluye 200 millones de pesos de recompensa ofrecidos por el Ministerio de Defensa contra alias Kevin y alias Marlon, mientras que el alcalde Alejandro Eder duplicó la presión con una bolsa de 400 millones.

Testigos describieron el terror: dos explosiones estremecieron Cali y otro camión cargado de explosivos estuvo a punto de detonar en las inmediaciones de la base.

La violencia se multiplica y el Gobierno ahora apuesta todo al poder militar para frenar el avance de las disidencias y cerrar el paso a la cocaína por el Pacífico.

 

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