Afortunado el Representante a la Cámara que tiene un todoterreno blindado y escoltas a su disposición, y que sale de la zona de conflicto ileso en un helicóptero del Ejército.

¿Pero cómo escapa el campesino, con su parcela y su hogar, de la lluvia de balas?

¿Cómo hace el comerciante local, que debe pagar una «vacuna» a los grupos armados para poder seguir operando?

¿Y qué de ese niño o joven que no puede subirse a un helicóptero, que tiene la mirada puesta en su espalda para ser reclutado? ¿Qué del carro de la vereda, sin blindaje, que es acribillado en medio de una emboscada, y en el que un profesor —Edgar Eduardo Victor, maestro de matemáticas, artista, y graduado de la USCO— es asesinado?

¿Cómo escapa ese joven, reclutado a la fuerza, cuyo único blindaje es su propia piel, un destino que le depara las montañas cuando en pleno siglo XXI debería estar en un salón de clases? ¿Y qué del agente de turismo, que vio cómo le quitaban el carro que pagaba a cuentagotas al banco con lo que ganaba de los pasajeros, y que hoy sigue desaparecido?

Todos deberíamos salir ilesos. En una sociedad más justa, el imperativo categórico* del Estado —obrar de tal modo que la máxima de la voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal— debería significar que cada ciudadano colombiano sea tratado con el mismo peso de las circunstancias. Solo entonces, todos, absolutamente todos, saldremos ilesos de esta guerra que se niega a terminar.

Autor: Luis Felipe Narvaez – Docente USCO.

 

*Nota sobre la referencia: El concepto de Imperativo Categórico fue formulado por el filósofo alemán Immanuel Kant en su obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). La cita hace referencia a la primera formulación del principio, conocida como «la fórmula de la ley universal».

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